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hoy martes pensando en miércoles

Este es mi primera entrada con cara de diario, lo que usualmente la gente hace en los blogs es escribir sobre sus vidas, sus acontecimientos, anecdotas chuscas, frustraciones, sueños, locuras, etc. Por lo gral a mi me gusta poner cosas que encuentro interesantes, y no es que menosprecie mi vida y concidere que no es lo suficientemente entretenida como para ser dignamente redactada de manera cronica en unas lineas....pero si, la mayoria del tiempo siento que asi es, ni mas ni menos, no me pasan cosas del otro mundo, no tomo desiciones que afecten la vida de los demas terricolas, ni suelo saltar del bongie, ni andar a mas de ciento y algo de kms por hr por las calles de Mxl, (bueno eso excepto cuando voy tarde al trabajo, lo cual es todos los dias) pero usualmente ando a 80 o 90, asi que si me llegan a ver echa la mocha en mi carrito lila impermeable a la limpieza, ni se molesten en saludar porque ni los voy a ver, y ni me digan lo rápido y lo cafre que soy, porque séría un pleno desperdicio de eufemismo y hasta se escucharían trillados, si me permiten darles mi humilde opinión U_u
Como venía diciendo, mi vida es de lo mas normal, rutinaria y monótona que se pueda imaginar,el motivo que tenía hace 2 semanas para estar de buenas era la ilusión de mi viaje a las tierras caribeñas del sur del país, y así fue, ya realicé uno de mis grandes sueños de conocer Cancún, puedo presumir de que fui flechada por tan exóticos paisajes, es increble contemplar el mar y sentir como si fuera la primera vez que se esta frente a el, bueno, en mi caso si fue así, pues no es lo mismo el océano pacífico que el golfo de México, no se si el amor a primera vista existe o no, nunca me ha pasado, pero creo que de existir ha de ser algo parecido a lo que senti cuando llegue y plante mis pies sobre la arena blanca y vi el color turquesa del agua y respire sa brisa tan deliciosa y ese clima tan tropical que insita a desroparse y tirarse al sol como cachora...
La playa le hace bien a cualquiera, pero siento que en mi tiene un efecto rotundamente peculiar, me pone de buenas, me borra las tensiones, me humecta la piel, mi cabello adquiere mejor forma, mi organismo trabaja mejor, en resumen, soy otra yo, mejor yo, o la yo buena, como me la quieran poner.
No se si en Cancún, en Los Cabos (que aún no conosco), en Mérida o en algun otro lugar de ese tipo pero tengo que experimentar vivir una temporada ahi, tengo que convivir un poco mas con mi yo caribeño.
Mientras tanto, sigo aqui en la oficina, pasandola de poca, y no es una expresión postiva sino al contrario, es de negativa lo que le sigue, y es que ya mas que una rutina se esta volviendo un suplicio, pero bueno, a darle, no hay de otra, que el dinero no cae del cielo, ni crece en los árboles (estúpidamente) ahi si le fallo a Dios, el mundo sería un mejor lugar si existieran árboles de dinero, asi reforestariamos la ciudad y erradicariamos la pobreza del país de una buena vez! pero bueno, Dios prefirio que se diera la marihuana de la tierra para que todos nos olvidaramos de esas tarugadas de pensar en el $, y quien soy yo para criticar la obra del señor, zapato a zapatero y carne al carnicero. Disculpen mis analogías confusas y refranes maldichos, sufro del síndome de chespirito y tiendo a componer, o mas bien deformar una de las tradiciones que mas caracterizan a México que es la de los refranes y dichos populares, lo cual es otro tema muy intersante del que mas adelante divagaré al respecto.
Para ser mi primer entrada personal fue bastante larga, espero no haber aburrido a tan respetable lector, aunque bueno, si ya esta leyendo esto hasta este punto significa que no tiene nada mejor o "menos peor" que hacer, lo cual no resulta tan increible pues hoy en día perder el tiempo suele ser una de las actividades mas usuales y que ocupan mayor esfuerzo de los individuos. Va, pues me despido y hasta la proxima entrega de mas basura blogera por internet. ciaO!
(diocesillos con patas)pero...¿qué es un político?

Breve lección para el buen medrar.
Les aseguro que el titular de este pequeño articulo no es un desvarío, ni una tomadura de pelo, ni estratagema alguna para distraerles por no saber de que otra cosa escribir. Hace mucho tiempo, creo que desde que perdí la ingenuidad y comencé a ver las verdaderas caras de este mundo, que he considerado a estos personajes como seres de otra galaxia. Nunca me han parecido personas creíbles ni accesibles y sí, siempre, más cercanas a la estrella Mirach de la constelación de Andrómeda, que a nuestro sufrido mundo. Eso sí, para sorpresa - ¿e indignación? - de propios y extraños, con un pragmatismo y una capacidad para aferrarse a los valores terrenales más que sorprendentes. Por eso, desde que tengo uso de razón, vengo en preguntarme ¿qué es un político? O, más exactamente ¿de que es profesional un político?
Ya sé que se utiliza como respuesta el manido: “de la política”. Pero, lo siento, no me sirve. Desde que uno nace, aun sin pretenderlo, con su sola presencia está haciendo política. De modo que, como todos sabemos, es algo genérico, casi intangible, y demasiado amplio como para convertirlo en una simple “profesión”. Como Dios, puede ser, a la vez, el todo y la nada. De hecho, todos los que tratan de adoptarla como una “profesión” suelen, con anterioridad y para guardarse las espaldas, formarse en cualquier otra disciplina que le permita, esta si, profesionalmente, poder subsistir hasta que consigan meter la cabeza y tratar de medrar. Por eso creo que no existe la profesión de político, sino, más bien, partiendo desde cualquier otra actividad reconocida, el “profesional” de la política. Puede que les parezca lo mismo, pero no lo es. Es relativamente fácil acceder desde cualquier profesión, cuanto más cualificada mejor, a una actividad dentro de la política. Sin embargo, a la inversa, desde la política pura y dura, es absolutamente imposible, sin hacer uso del nepotismo, acercarse a una profesión convencional, y cuanto más cualificada más difícil.
Pese a ello, en mi ingenuidad, en algún momento llegué a pensar que los políticos eran algo así como pequeños dioses, como ellos mismo se consideran, y que enviados por designación divina, como salvadores de todos los demás mortales, se encontraban entre nosotros para poder guiarnos por este mundo tan difícil. Probablemente de ahí venga mi creencia de su origen andromediano. Es posible, casi definitivo en muchos casos, que un determinado entorno y una definida vocación nos conduzcan al ejercicio de una actividad profesional concreta. Pero les aseguro, y ustedes estarán de acuerdo conmigo, que nadie nace político. Como tampoco se nace médico, arquitecto, deportista de élite, programador, ciclista, o buhonero.
Dejando al margen honrosas excepciones, y que suelen durar poco en ese perverso mundo, la mayor parte de los políticos, incluidos los que, por razones que desconozco se denominan “de raza”, suelen carecer de un currículo profesional mínimamente presentable, salvo que el propio ejercicio de la política le haya permitido completar uno a su medida. En palabras más simples: la generalidad de ellos carecen de todo crédito para desenvolverse en la vida civil y son, o han sido, cuando más, mediocres profesionales en lo “suyo”. Aunque, sirviéndose de la política, hayan conseguido encaramarse a los puestos más altos.
Por eso no sorprende la desfachatez con que habituales realizan sus declaraciones los autodenominados “padres de la patria”. Sirva como ejemplo las declaraciones escuchadas en el consejo de la Comisión Europea para formalizar el reciente nombramiento de los Comisarios. A preguntas de un periodista a uno de los nombrados sobre su experiencia profesional para acceder a tan importante y responsable cargo, la respuesta de este no pudo ser más definitiva: “… yo no tengo por que ser un profesional de algo, ni saber de nada. ¡Yo soy un político!
De modo que, pese a mi reflexión, y evitando buscar en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el mayor número posible de sinónimos de “vividor”, me encuentro en el mismo punto de partida de cuando comencé este artículo: pero, ¿qué es un político?
Felipe Cantos, escritor.
